Borges y el infinito

Published: December 19, 2022 Reading Time: 5 minutes stage: in progress
Ruinas circulares
Ruinas circulares

Debo confesar que siempre tuve miedo de leer a Borges. He escuchado hablar tanto de su obra y son muy variadas las opiniones que, hasta ahora, no tuve el valor ni la energía mental para adentrarme en su mundo.

Empecé con “Las ruinas circulares” de Ficciones. Es un cuento maravilloso, tan corto pero creativo, que estoy aquí escribiendo estas palabras aún dándoles vueltas en mi cabeza sin saber si estoy soñando o siendo soñado.

No deja de sorprenderme el cuento dentro del cuento, la narrativa recursiva que evoca recuerdos de Paul Auster y su Noche del Oráculo en la que el escritor es también escrito. Y aunque Borges haya escrito su cuento mucho antes que Auster su novela, estos parecen conectarse en un continuum dentro de mi cabeza en el que no hay principio ni fin. Todo se conecta.

La noche del oráculo
La noche del oráculo, el infinito: imagen generada por un modelo de inteligencia artificial

Así pues, el hombre viejo de Borges que quiere crear a un hombre completo tan solo a través de sus sueños es a su vez soñado.

Pero, ¿Quién es el soñador y quién el soñado? ¿Qué más puede ser la vida sino un sueño?

Lo que a cada uno de nosotros parece la realidad física y absoluta puede ser parte de una simulación programada (o soñada) por otros seres de mayor intelecto (e imaginación). ¿Cómo sabemos que no somos más que conciencias hechas de bits subidas a alguna nube y puestas en ejecución por algún súper computador?

He de mencionar aquí a Elon Musk, ese emprendedor, genio y sociópata de nuestro tiempo, pues parece ser que no haya conversación en la qué no se la haga mención. Musk ha afirmado en reiteradas ocaciones que la probabilidad de que vivamos en una simulación no son negables. Y si bien ha sido el más popular en afirmar tal cosa, no ha sido el único.

Nick Bostrom, filósofo y actual director del “Future of Humanity Institute” de la Universidad de Oxford ha sido uno de los principales estudiosos de la “Hipótesis de la simulación” y afirma que, dadas ciertas condiciones, pudiera ser que actualmente estemos viviendo en una simulación y que tanto escritor como lector de estas palabras hayamos sido programados para escribir y leer estas palabras en este preciso momento de la historia.

Otro grande pensador de nuestros tiempos, Stephen Wolfram, reconocido físico, emprendedor y autor parece estar de acuerdo con esta hipótesis y asegura que el universo no es más que una gran computadora encargada de ejecutar el programa de cada uno de nosotros. No nos queda entonces más que consolarnos con la idea que, según Wolfram , esta computadora no puede predecir el futuro pues se necesita toda la capacidad de cómputo de esta para ejecutar cada paso de esta simulación en la que vivimos.

Así, sin más, somos como el hombre viejo en medio de la jungla sin otra posibilidad que la de soñar todas las noches y caminar hacia las llamas enardecidas de Borges para comprender que nosotros también estamos siendo soñados.

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Siguiendo con mi lectura de Borges, me adentré en otro cuento tan maravilloso como extraño: El Aleph .

Arranca el cuento sin nada sorprendente. Borges nos narra al protagonista a través de repetidas listas que evocan al gran Umberto Eco y El vértigo de las listas.

Listas finitas (pues Borges no contaba con una infinitud de papel ni de tinta) pero que asoman el infinito.

Es entonces, después de varias listas, y melancolía por su amada Beatriz Viterbo que el cuento, la narración, y el universo mismo convergen. Carlos Argentino Daneri nos revela—al lector y a Borges (escritor y escrito, pues en el cuento nos menciona su nombre)—la existencia de un Aleph en el sótano de casa. Un lugar no tan imaginario como se cree en un principio. El punto de todos los puntos.

Escaleras soñadas por un modelo de inteligencia artificial
Sótano generado po un modelo de inteligencia artificial

Lo inconmensurable se hace real del mismo modo en que las listas acotadas nos hacen sentir el vértigo del sin fin. Las historias de billones (tantas) de personas (o simulaciones) suceden simultáneamente, convergen en un único momento: el eterno presente.

Borges, con su inigualable narración nos lleva entonces más allá de lo finito. Nos lleva a ese lugar donde todo es posible, donde todo es a la misma vez, ese mundo no solo de las listas narrativas si no de los conjuntos incontables pues nos confiesa que

el problema central es irresoluble: la enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito.

Y aunque Cantor objetaría a tan peculiar afirmación, Borges nos hace entender en un instante (en todos los instantes) que somos universo. Pues podemos crear y conectar mundos nuevos y viejos, podemos soñar y ser soñados. En nuestra finitud (simulada o no) podemos acariciar lo divino.